RECURSOS NATURALES
Este sendero que acompaña al Tormes constituye también un corredor natural lleno de vida. A lo largo de la ribera se puede disfrutar de una rica biodiversidad que cambia con las estaciones y que forma parte esencial del paisaje fluvial.
Puedes aprovechar este momento para poner tu atención en los sonidos, las huellas, los colores y las formas que te acompañan. Estas te darán pistas sobre los otros habitantes que, junto a ti, completan el “vecindario” del Tormes.
Fauna. Las aves son unas de las grandes protagonistas. Resulta maravilloso ver cómo la variedad de sus poblaciones cambia dependiendo de la estación. Algunas aves migratorias utilizan las orillas del Tormes de dormidero y, en otoño e invierno, tendrás la suerte de poder observar especies como la garza real, la garceta, la garcilla bueyera o el cormorán grande. Durante todo el año nos acompañarán especies como el gorrión común, el carbonero común, la curruca capirotada, el colirrojo tizón, o el colorido martín pescador común (símbolo de la Isla del Soto y al que hay que prestar especial atención ya que aparece catalogado como EN – En Peligro en el Libro Rojo de la Aves de España 2021). En las orillas, pequeños mamíferos como el erizo europeo o la nutria europea dejan sus huellas discretas, mientras artrópodos e invertebrados, como libélulas o escarabajos acuáticos, cumplen su función para contribuir al equilibrio del ecosistema. También habitan estos entornos reptiles como la culebra viperina, la culebra de collar o el galápago leproso, anfibios como la rana común o el gallipato, así como especies de peces como el barbo común y la bermejuela. Sin embargo, también están presentes algunas especies invasoras —como el cangrejo rojo, el visón americano, el galápago de florida, la almeja asiática o el lucio— que suponen un reto para la conservación de la fauna autóctona.
Flora. La vegetación del Tormes combina arbolado y matorrales típicos de ribera. Álamos, alisos, chopos, sauces y fresnos dan sombra y frescor al cauce, acompañados por arbustos como el saúco o el rosal silvestre. Entre ellos crecen abundantes helófitos—juncos, carrizos, eneas— que contribuyen a fijar las márgenes y sirven de refugio a numerosas especies. La diversidad vegetal no solo embellece el paisaje, sino que sostiene la vida que habita en él.
Caminar por este sendero es descubrir un ecosistema en movimiento, donde cada árbol, cada ave, cada reptil y cada insecto forman parte de una misma melodía natural que da identidad al río Tormes y a sus gentes.


